Pasi intercambió cuatro palabras con sus compañeras de piso y se metió a su cuarto. Allí decidió que lo primero que debía hacer era darse una ducha, y se desnudó, sin poder evitar hacerlo delante del espejo. La verdad era que estaba muy buena, y ella misma se excitó de nuevo. Esto era muy extraño, tenía el cuerpo de una mujer pero se excitaba con la presencia, más cercana imposible, de esta pedazo de chica.
En la
ducha se sintió rara. Con gusto se hubiese tocado y manoseado, pero no era algo tan basto lo que le apetecía en este momento. En realidad pensaba en la otra chica, la azafata. Estaba muy buena. Al salir de la ducha buscó en los cajones y encontró un
tanga de color rosa, y unos
leggins de algodón blanco. Le pareció adecuado, con un sujetador rosa y una camiseta blanca. Así apareció en el salón. La otra chica aún estaba vestida de uniforme. Se había quitado la chaqueta y tenía unas tetas bastante guapas. La tercera llevaba unos vaqueros y una camiseta, y escuchaba las historias atentamente. La miraron cuando apareció en el salón.
Al parecer tenían muy buen rollo, llevaban unos dos años viviendo juntas,
Vanessa (la azafata),
Laura (la otra) y ella,
Pasi.
Vanessa pasaba mucho tiempo fuera y era un poco alocada, y
Laura trabajaba de dependienta en
Calzedonia, y por las tardes hacía lo mismo en
El Corte Inglés.
Pasi estaba encantada, esto parecía estar preparado especialmente para ella.
Esa noche no pudo resistirse a dormir desnuda, y aprovechó para empezar a explorar su cuerpo en la intimidad del edredón, mientras pensaba que no estaba nada mal eso de ser chica...