Hoy había quedado en salir a
patinar al parque con Laura, así que se apresuró a llegar pronto a casa y allí se la encontró esperando. Se suponía que
Pasi era la experta en patinaje, así que
Laura entró en su cuarto y le dijo que sólo tenía los patines, pero ni idea de qué ropa ponerse. Ella pensó que le sentarían bien unas mallas ajustadas, así que sacó del armario unos
leggins negros y le dijo que era lo más apropiado que tenía. No eran de
Lycra, pero sí bastante tupidos, sí bien cuando se los puso pudo notar que se le transparentaba un poco el tanga que llevaba debajo, pero como también era negro no cantaba demasiado. Con esos
leggins ajustados al culo y las protecciones puestas, estaba como un
queso.
Pasi no se había dado cuenta de lo buena que estaba
Laura hasta ese día. A
Laura no le gustaban especialmente los leggins, pero reconoció que le gustaba la sensación que le producían. Pasi estaba a cien viéndola moverse delante de ella. En su mentalidad de hombre no podía dejar de imaginarse entre sus piernas, acariciando ese culito que ahora tenía justo delante de su cara:
Laura le decía que era muy suave, que tocase. Ella tragó saliva y puso la mano sobre su culo, y
Laura, con toda naturalidad, la apretó y se la pasó por todo el culo. Su lado masculino estaba sufriendo de verdad, pero se reprimió mientras pensaba que no iba a ser la primera vez.
Pasi sacó unas
mallas negras del armario y en vista de que Laura no tenía intención de irse se las puso sobre sus bragas rosas, sintiendo la compresión de la
lycra sobre sus muslos.
Una vez vestidas, las dos salieron a la calle, y al llegar al parque le tocó hacer de profesora con
Laura. Decidió ir detrás de ella y mientras la sujetaba por la cintura la explicaba los movimientos que también ella iba aprendiendo casi por primera vez. A medida que iba cogiendo confianza, la dejaba suelta y se dedicaba por entero a
mirarla el culo, sobre el que la luz del atardecer creaba reflejos irresistibles. Incluso para animarla la daba palmaditas en el culo, o directamente la empujaba con la palma de la mano, disfrutando clandestinamente del tacto tan especial.