Hoy
Pasi descubrió que trabajaba ocasionalmente como canguro cuidando niños a domicilio. No parecía que la pagasen mal, a juzgar por los apuntes que encontró en un cajón. Llegó a esta conclusión tras recibir una llamada a las 12 de la mañana. Era una mujer que tenía una voz muy agradable, y que le pedía que si se podía ocupar de sus hijos esta noche. Hablaba como si ya se conociesen.
Pasi quedó con ella a las 10 en punto, y esa noche decidió ponerse unos
leotardos grises y un
jersey azul largo que hacía de minifalda. Se presentó en el piso, que estaba en una zona residencial bastante lujosa. Le abrió la puerta una mujer muy elegante que le saludó como si la conociese de hacía tiempo. Era muy guapa, llevaba un vestido negro y se fijó en que tenía unos pechos muy sensuales, casi
transparentados bajo el vestido.
Pasi se sorprendió a primera vista, pero en realidad le faltaba una chaqueta, que se puso después. Le dijo que llegaría tarde, que se pusiese cómoda y salió de casa con su marido.
Pasi no tuvo problemas con los niños, que se durmieron pronto, así que se dejó caer por la habitación de los padres, y con mucho tacto empezó a curiosear. Encontró el
cajón de la ropa interior de la mujer, que tenía todo tipo de bragas, medias y sujetadores. Incluso algunos tangas un poco subidos de tono. Entonces entró al cuarto de baño anexo a la habitación y allí sobre la bañera vió unos
pantys semitransparentes que seguramente se acababa de quitar ella. Entrelazado en los pantys había un tanga negro minúsculo, y
Pasi no pudo evitar acercar a su
cara esa
prenda tan íntima. Eso la excitó tanto que sintió la necesidad de probarse la ropa de la mujer. Entonces se desnudó y se puso el tanga y los pantys.
En un cajón encontró unos pantys negros de
rejilla, que se deslizó por encima de los pantys. La sensación de llevar la ropa de esa mujer la excitó hasta tal punto que no podía dejar de frotarse la
entrepierna, mientras pensaba en la sorpresa que se podría llevar su dueña si la sorprendía así en su cuarto.